22 abr. 2013

La Mayor Aventura de Nuestras Vidas



Cuando pensé en incluir de manera más o menos semanal una serie de microrrelatos de diferentes autores, iba en busca de que cada uno de ellos, con su estilo, forjase una pequeña semilla, la plantase, y quien sabe si un día daba un fruto mayor. Alberto Morán ya tiene plantado su jardín, a la sombra de un extraño personaje, el Rey Trasgo, y ha querido regalarnos esta pequeña flor. Y como siempre le he dicho, gracias por dejarme cuidar un tiempo de él. Hombro con hombro, escudo con escudo.

Os dejo con La Mayor Aventura de Nuestras Vidas. 

El aventurero, con la sangre del nigromante goteándole aún desde las yemas de los dedos, subió los escalones de dos en dos mientras la torre se venía abajo a su alrededor. Sus compañeros le seguían de cerca.

—¡Tenemos que llegar a la Esfera de los Deseos y revertir todo el mal que ha causado, o esta tierra estará perdida para siempre! —gritó Zacarías el Tirador.

—¡Menos hablar y más correr! —tronó Grok, el bárbaro de cabello albino, repudiado por su gente y abandonado a su suerte en las estepas cuando solo tenía diez años.

El aventurero abrió la puerta carcomida de una patada: en el interior de la estancia, la esfera descansaba sobre un altar. Aquel orbe parecía contener un mar de estrellas, que se revolvían en espirales como un coro de luciérnagas en cortejo.

Quedaba poco tiempo. El aventurero la sostuvo entre las manos y sintió su calor.

Solo tenía que pedir el fin de la maldición del nigromante. Entonces Grok podría… Bueno, volvería a las estepas. Y Zacarías regresaría con su barón, a cazarle conejos y perdices. Eliana la hechicera retomaría su negocio de adivinación; lucrativo, sí, pero alejado de sus sueños. Y él pondría fin a la mayor aventura en la que jamás se había embarcado.

—Quiero…

Echó la vista atrás y miró a sus amigos. Estaban expectantes, exhaustos, cubiertos de sudor, polvo y sangre. No quería verlos de otro modo.

Supo exactamente qué decir. Cogió aire antes de hablar.

—Quiero empezar de nuevo.


 


 
Alberto Morán Roa devora, traduce, revisa y enseña palabras. Escribió artículos y relatos durante años hasta que una criatura tan lúcida como demente lo escogió para que escribiese su historia. Así nació El Rey Trasgo, La Ciudadela y la Montaña, una de las novelas de fantasía con mejor acogida de 2012. Actualmente, Alberto trabaja en la segunda parte de la saga, escribe otro proyecto paralelo y mira el cielo nocturno de vez en cuando, haciéndose preguntas con una sonrisa en los labios.
 
 
 

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